INFLUENCIA2

Por Pool GM.

…”Drive boy, dog boy, dirty numb angel boy…”- Underworld.

 

“LOS BEATS TAMBIÉN INFLUYEN”

 

A finales de los 80’s y principios de los 90’s hubo un episodio que pasaría a la historia etiquetado como el segundo verano del amor. ¿Qué caracterizaba esa época?, drogas sintéticas (al por mayor) mucho techno y un sinnúmero de afters que recibían a las olas de ravers (así se les terminaría llamando en los siguientes cinco años) que solo se dedicaban a bailar mientras tuvieran algún estimulante en su organismo permitiendo una resistencia mayor al cansancio. Esta semana, Influencia2 nos trae algo más que guitarras y tambores, desde Cardiff, UK; Underworld.

 

Underworld presenta un inicio un tanto similar a lo que una banda de rock normalmente realizaría, sesiones en algún apartamento evocando a sus grandes ídolos ejecutando de la mejor manera posible alguna pieza significativa, en su caso sus grandes ídolos Kraftwerk, su gran inspiración, The Robots. Con Karl Hyde y Rick Smith jóvenes y llenos de energía comenzaron un proyecto al cual de inicio se integrarían el bajo de Alfie Thomas, la batería de Bryn Burrows y los teclados de John Warwicker, un sonido muy distinto al inicio y que no tardaría mucho en mutar a algo más electrónico.

 

Sire Records sería el sello que los lanzaría con un álbum debut de nombre Underneath the Radar del 88, sin mucho éxito alcanzaron a editar un segundo álbum, Change the Weather del 89, antes de que la alineación original y los sonidos que habían creado desaparecieran. Lo que vendría sería un largo receso en el cual el proyecto se reorganizó encontrando en la música electrónica su bastión. El álbum Dubnobasswithmyheadman del 94 fue el primer disco de la nueva versión de Underworld en donde desde este nuevo comienzo mostraban que habían encontrado la fórmula exacta para inyectar de energía las pistas ocasionando largas sesiones de baile.

 

Su disco del 96, Second Toughtest in the Infants, fue el disco que los catapultó al éxito masivo, fue para muchos la alineación de los astros dando como resultado una época memorable para toda una generación llevando como cereza del pastel la siempre nostálgica pero energizante a la vez Born Slippy NUXX, si bien fue una pieza incluida como lado B del álbum, la canción sirvió para la secuencia final de la película Trainspotting lo cual sería la representación gráfica a medida de lo que para más de uno significó todo el movimiento raver con todos los excesos que eso implicaba.

Beaucop Fish del 99 mostraba un proyecto mucho más maduro pero a la vez una etapa de replanteamiento, y hasta cierto punto renacer, luego de la recuperación del alcoholismo que llevaba Hyde en marcha luego de varios años de descontrol, incluso Born Slippy, en palabras de Hyde se escribió como una señal clara de auxilio a todo lo que en ese momento se encontraba viviendo. Este álbum traería a la luz temas como Jumbo, una pieza colmada de ritmo que, si bien bajaba las revoluciones en comparación de Born Slippy, lo que no bajaba era el beat que hacía bailar a sus fans.

 

A partir de este momento Underwolrd, fiel a su estilo de pertenecer a la contracultura se dedicó a generar sonidos nuevos, más de una vez Hyde ha señalado que los 90’s habían sido una gran época, pero que al final todo era pasado, que querían generar sonidos nuevos, emociones nuevas, no renegando de esa joya que cualquiera que asiste a sus conciertos quiere escuchar, pero sí dimensionando que el pasado no dejará de serlo y en sus manos tienen el poder de generar un futuro distinto.

 

A Hundred Days Off del 2002, Oblivion with Bells del 2007 y Barking del 2010 han sido los discos que Underworld ha entregado de una manera mucho más dosificada pero siempre atinando en generar sonidos que trascienden, esos sonidos que los han traído hasta este 2017 y que les permitieron compartir al mundo en una ceremonia de apertura de Juegos Olímpicos (Londres 2012) su música, su magia a base de tecnología y baile que logra hacer volar a cualquiera con solo escuchar su música.

 

A más de uno la siguiente canción lo transporta de inmediato a lo que sucedía en aquellos años, tal vez escuela, tal vez fiesta, tal vez familia o amigos, tal vez simplemente el colofón de un mar de emociones que generó el filme de Boyle del 96 en cuya secuencia final “Renton” con esa sonrisa en su rostro nos hacía creer que todo estaría bien.

 

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