EL MUNDO CELEBRA LA LLEGADA DEL AÑO NUEVO CHINO

Millones de chinos, tanto en el país como en las comunidades del extranjero, celebraron con festejos y fuegos artificiales la llegada del Año del Gallo de Fuego, que según los astrólogos traerá cambios “drásticos” y confusión.

 

Ciudades y pueblos de toda China, excepto aquellos que lo tienen prohibido debido a la contaminación, se vieron la pasada noche “bombardeados” por petardos y fuegos artificiales en sus calles, encendidos para ahuyentar malos espíritus y asegurarse de que el gallo canta el amanecer de un año próspero para los orientales.

 

El horóscopo chino señala que este año está bajo la influencia del femenino “yin”, es decir, que más que del gallo debería ser de la gallina, y los adivinos auguran que traerá prosperidad y riqueza al presidente chino, Xi Jinping (que es serpiente de agua), y no tanto para su homólogo en EEUU, Donald Trump (perro de fuego).

 

No parecen muy desencaminados, tras una semana en la que Estados Unidos ha decidido apostar fuerte por el proteccionismo con la salida del Acuerdo Transpacífico, mientras China comienza a ser vista como la gran abanderada del libre comercio, lo que podría beneficiar tanto a su economía como a su imagen exterior.

 

 

 

Muchos chinos, tras una noche de grandes banquetes familiares para los que en bastantes casos han tenido que recorrer largas distancias en tren, se despertaron temprano para intentar ser los primeros en hacer ofrendas a los dioses en los templos de todo el país.

 

 

En Pekín, el recinto religioso más concurrido esta mañana fue el Templo Lama, donde cientos de personas hacían cola desde las seis de la mañana para pedir riqueza y salud a las deidades budistas que adornan el santuario, de inspiración tibetana.

 

Cerca de allí, en el Templo de la Tierra, se organizó una ofrenda a imitación de las que los emperadores hicieron allí durante siglos con el comienzo del año: actores disfrazados de soldados de la dinastía Qing escoltaron a otro encarnado en emperador amarillo, que encendió incienso y se arrodilló en un gran altar de plegarias.

 

 

El Año Nuevo chino da comienzo a siete días de vacaciones, el llamado Festival de la Primavera, en el que los que viven lejos de su hogar (entre ellos millones de inmigrantes rurales y de estudiantes universitarios) disfrutan de días en familia.

 

Son los únicos días en los que la mayoría de las tiendas y restaurantes del país, donde los domingos son un día más, estarán cerrados, y las calles de metrópolis como Pekín presentan un aspecto vacío que no se conoce en el resto del año.

 

Además de los banquetes, en los que el plato principal son los “jiaozi” (raviolis chinos), otro protagonista de la festividad son los “hongbao”, sobres rojos con dinero que se entregan a familiares y amigos, incluso a los niños.

 

 

Con información de EFE